América Latina y el Caribe como zona de paz

La II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) proclamó el pasado 29 de enero, en la ciudad de La Habana, al territorio de América Latina y el Caribe como zona de paz.

Los 33 países del bloque, con la presencia y apoyo activo del nuestro, representado por nuestra presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, renunciaron al uso de la fuerza para resolver disputas con sus vecinos con la finalidad de dejar atrás los conflictos armados.

El documento destaca el objetivo del bloque de “desterrar para siempre el uso y la amenaza de uso de la fuerza en la región” y subraya que “se aplicará el compromiso de no intervención en los asuntos internos” de ninguno de los 33 países de la organización. También alienta la práctica “de la tolerancia y de vivir en paz como buenos vecinos” y el “derecho inalienable de todo Estado para elegir su sistema político, económico y social” con el fin de contribuir así a “la convivencia pacífica entre las naciones”.

Lamentablemente, casi de inmediato y en sentido inverso, se produjo el anuncio de la instalación de un nuevo enclave militar norteamericano en el corazón de Nuestra América.

Según una reciente denuncia del reconocido sociólogo brasileño Emir Sader: “el Comando Sur de los EE.UU. instaló un Centro de Operaciones para Emergencias en la ciudad paraguaya de Santa Rosa del Aguaray, en el departamento de San Pedro, al norte de ese país”. Al mismo tiempo se inauguró un Depósito de Suministros para Emergencias.

Pero de hecho, ya antes de la instalación de esta base militar, denominada eufemísticamente “Centro de Operaciones para Emergencias”, en el país ya existía presencia militar norteamericana. Cabe destacar como caso emblemático, el de la base aérea Mariscal Estigarribia, la mayor en su tipo en toda Suramérica. Estamos hablando de una zona con una impronta de ocupación territorial muy fuerte por parte de las grandes corporaciones sojeras, además de la presencia del Acuífero Guaraní, el reservorio de agua dulce más importante del mundo.

Según la investigadora argentina Telma Luzzani: “sin bases no hay imperio”; y según ella misma denuncio recientemente: “(…) los Estados Unidos están sembrando en la región bases militares que son más pequeñas, con poco personal, muy disimuladas, pero con la logística adecuada para garantizar en cuestión de horas un despliegue de tropas a gran escala”.

La base de Santa Rosa de Aguaray es, sin dudas, la última de ellas, hasta ahora y según el conocimiento público.

Este nuevo tipo de base llamadas como “centro de operaciones de emergencia”, con una pretendida función de actuar solo en casos de situaciones de desequilibrio, ecológico o de catástrofes naturales, se encuadra perfectamente en la actual doctrina militar de la potencia del Norte.

Tenemos que estar alertas de esta verdadera situación para que no se vea amenazada la paz en nuestra Patria Grande, con las casi 80 bases militares externas a la región, entre las cuales se encuentra el enclave colonialista de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en nuestras Islas Malvinas.

El Consejo Sudamericano de Defensa tendrá que crear una jurisprudencia respecto de la presencia de tropas extranjeras en territorio de América de Sur, para que no quede ninguna posibilidad de no intermediación de paz del Consejo.

La UNASUR y la CELAC son dos avances importantes en la unidad de la patria grande para garantizar la paz en la región y trabajar conjuntamente en la zona de paz de América latina y el Caribe.

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